¿Qué función tienen los sueños?

Los sueños ocurren cuando estamos dormidos. Durante el sueño. Lo que caracteriza al sueño es, precisamente, la pérdida de la conciencia, de la conciencia vigilante. La conciencia vigilante lo que hace es prestar atención, dicho de otra manera, vigilar. La función que tienen los sueños será la de permitir la representación mental de lo que en el estado de vigilia no es posible, suficientemente. Se cree que los sueños expresan preocupaciones, de distinto alcance, que el sujeto no ha tenido tiempo o espacio mental suficiente para considerarlas conscientemente.

Niña durmiendo. ¿Qué función tienen los sueños?

¿Qué son los sueños?

Los sueños son producciones mentales que ocurren durante el dormir. El sueño es un proceso fisiológico que impone el estado de reposo en el cuerpo para recuperar la energía. El sueño se organiza en ciclos que alternan las fases de sueño no-REM (rapid eye movement) con las de fases REM, de rápidos movimientos oculares. Durante las fases no-REM las ondas cerebrales son lentas y suponen una reparación a nivel corporal. Las fases no-REM son cuatro: fase de entresueño o adormecimiento, fase de sueño ligero, fase de transición, fase de sueño profundo. La fase REM, es la que viene a continuación de las cuatro anteriores.

Durante las fases REM existe una actividad cerebral intensa y una parálisis muscular transitoria. El electroencefalograma (EEG) del sueño REM muestra un patrón de activación rápida y de bajo voltaje, similar al de la vigilia. También acompañado de atonía muscular y movimientos oculares rápidos. En esta fase REM se produce la actividad onírica vívida, que se organiza en forma narrativa y llena de imágenes que configuran el sueño. Es curioso, pues, que la mente siga produciendo contenidos mentales mientras el cuerpo descansa. ¿Por qué? ¿Qué función tienen los sueños?

Si analizamos los contenidos de los sueños encontramos: restos diurnos, deseos y conflictos no resueltos. Los restos diurnos hacen referencia a lo que nos ha pasado en la vida diurna; así, se pueden soñar imágenes referidas a las experiencias vividas. Los deseos muestran lo que la persona quiere conseguir o realizar, tanto si en el estado vigil lo realiza como si no, poco o mucho. Los conflictos no resueltos expresan la oportunidad, en el sueño nocturno, de darles cabida en la realidad mental. Es sabido que los conflictos pueden ser difíciles de enfrentar y dar solución; así, en el sueño se cuelan burlando a la conciencia.

Los sueños en el psicoanálisis.

En 1900 Sigmund Freud publicó su obra «La interpretación de los sueños«. Esta obra está considerada su mayor aportación y funda buena parte de la teoría psicoanalítica. Para Freud, el sueño no es un fenómeno azaroso ni sin sentido: es, por el contrario, una formación psíquica con una lógica propia. En el sueño se puede diferenciar entre el contenido manifiesto y el latente. El contenido manifiesto es el que se recuerda como sueño; el contenido latente es el deseo o conflicto inconsciente que el contenido manifiesto disfraza.

El propio Freud consideró que es el trabajo del sueño el que transforma el contenido latente en contenido manifiesto. ¿De qué forma? ¿Cuál es la lógica que sigue el sueño para configurarse como tal? Freud identificó cuatro procesos: la condensación, el desplazamiento, la simbolización y la elaboración secundaria. Mediante la condensación, varios elementos (ideas, imágenes, personas, espacios, tiempos, etc.) se pueden fundir en una sola imagen onírica. El desplazamiento traslada una carga emocional de un elemento a otro; hasta el punto de que lo importante aparezca disfrazado de irrelevante o viceversa. La simbolización mediante la cual las imágenes oníricas sustituyen a determinados contenidos. La elaboración secundaria sería el proceso mediante el cual el yo reorganizaría el material soñado para darle una apariencia más coherente y narrable.

El psicoanálisis actual plural a pesar de haber revisado las aportaciones del primer Freud -él mismo lo hizo- mantiene la idea de los orígenes. El sueño no es un azar, sino que tiene un sentido acorde a la configuración psíquica de cada soñador. De ahí la importancia de la asociación libre del paciente a partir de los elementos del sueño. No existe un significado universal válido para todos. Los psicoanalistas trabajan con las asociaciones del paciente y con lo que el sueño moviliza en la sesión psicoanalítica.

La aportación de la neurociencia.

La neurociencia ha aportado otra capa de comprensión. La actividad cerebral propia del sueño REM -similar a la de la vigilia- sirve para la consolidación de la memoria y la regulación emocional. En el sueño REM la información adquirida durante el día se reorganiza y se integra en la memoria a largo plazo. El sueño no sería sólo el escenario en el que soñamos, sino parte del mecanismo por el que aprendemos y recordamos. El sueño REM ayudaría a procesar el contenido afectivo de las experiencias vividas, atenuando su carga emocional para que puedan integrarse sin desbordar al sujeto. Soñar sería también una manera de digerir emocionalmente lo vivido.

La investigación neurocientífica ha planteado desafíos al psicoanálisis clásico. En 1977, Hobson y McCarley propusieron que el sueño era la interpretación por parte de la corteza cerebral de una activación aleatoria del tronco cerebral. Esta propuesta cuestionaba la idea psicoanalítica de un sentido oculto de los sueños. En 1997, el neuropsicólogo y psicoanalista Mark Solms mostró que soñar y sueño REM dependían de mecanismos cerebrales distintos. Solms encontró que ciertas lesiones en regiones frontales abolen los sueños manteniendo el sueño REM intacto. Igualmente, que se sueña también fuera del REM. Aun cuando los circuitos implicados en soñar parecen estar vinculados a la motivación y la investigación. Este conjunto de hallazgos parece dar cierto apoyo a la idea de que el sueño no es un simple ruido de fondo. La discusión sigue abierta, pero muestra que la neurociencia y el psicoanálisis pueden dialogar más de lo que a veces se supone.

Tipos de sueños.

No todos los sueños tienen la misma configuración ni función aparente. Incluso los psicoanalistas posteriores a Freud -y los actuales- han encontrado diferentes funciones. Una de las utilidades básicas de los sueños es permitir la elaboración de experiencias emocionales que no han podido ser pensadas previamente. Se identifica tres tipologías de sueños: los recurrentes, las pesadillas, los lúcidos.

Los sueños recurrentes son aquellos que insisten, noche tras noche o durante largos períodos, en la misma escena o en la misma sensación. Se cree que esta reiteración señala un conflicto no resuelto o una situación emocional que la mente sigue intentando elaborar sin conseguirlo del todo. De ahí la persistencia en el tiempo.

Las pesadillas son sueños muy vívidos caracterizadas porque causan emociones negativas intensas (miedo, terror, angustia) en el soñador. Pueden entenderse como intentos -aparentemente fallidos- de dar forma representable a una angustia que de lo contrario permanecería inconsciente. Una experiencia excesiva para la capacidad de procesamiento del sujeto -un trauma– tiene tendencia a permanecer disociado del yo. El sueño en forma de pesadillas puede convertirse en el escenario donde este exceso busca, una y otra vez, ser tramitado.

En los sueños lúcidos, el soñante toma conciencia de que está soñando y puede, en cierta medida, intervenir en la narrativa onírica. Este hecho hace que se sitúen en la frontera entre el sueño y la vigilia. Y provocan el planteamiento de interrogantes sobre los grados de la conciencia durante el dormir.

¿Existen los sueños premonitorios?

La investigación no ha demostrado que los sueños predigan el futuro. Los estudios de «telepatía en sueños» realizados en los años sesenta y setenta no se han replicado de forma consistente. Los trabajos más recientes sobre precognición en general, como el de Daryl Bem (2011), fracasaron al intentar repetirse. Es prudente decir que la ausencia de pruebas no demuestra que algo sea imposible, pero tampoco existe motivo científico para darlo por sentado. Otra cosa es que uno pueda creer en ellos.

¿Qué alternativas explicativas hay a la simple creencia? Podemos identificar varios elementos explicativos: la probabilidad, la memoria selectiva, la reconstrucción retrospectiva, la percepción inconsciente, las profecías autocumplidas. Probabilidad: todas las noches soñamos varias veces, y también sobre cosas que nos han sucedido. A lo largo de la vida acumulamos miles de sueños. Que alguno coincida con un hecho posterior, sobre todo si se trata de un tema frecuente (una muerte, enfermedad, ruptura), es estadísticamente esperable.

Memoria selectiva: podemos tender a recordar los sueños que «acertaron» y olvidar a los cientos que no se cumplieron. Reconstrucción retrospectiva: después de un suceso, la memoria del sueño se reorganiza, se acentúan los detalles que encajan y se suavizan los que no. Los sueños, además, admiten muchas lecturas. Percepción inconsciente: la mente registra señales sutiles que la conciencia no atiende, un cambio de actitud , un síntoma corporal incipiente, una tensión en la pareja. El sueño puede elaborar esta intuición y, si después sucede, parece un aviso. No sería adivinación, sino percepción y elaboración inconsciente. Profecías autocumplidas: los miedos (de perder un ser querido, de sufrir un accidente, etc.) son materia habitual de los sueños y, ocasionalmente, de la realidad. Puede llegar a ocurrir que quien sueña algo inquietante actúa después de modo que favorece que lo soñado ocurra en la vida real.

¿Por qué se olvidan los sueños?

Frecuentemente vemos que la mayoría de los sueños se desvanecen en los primeros minutos o instantes después del despertar. Algunas personas, especialmente las interesadas en el análisis de sus sueños, hacen un esfuerzo deliberado por retenerlos, aun anotarlos de inmediato. ¿Por qué ocurre esto?

La explicación no es la misma según responda la neurociencia o el psicoanálisis. Desde la neurociencia, se explica que el cerebro, durante el sueño REM, se encuentra en un estado químico poco favorable para fijar nuevos recuerdos. De ahí que la retención del sueño es más accesible cuando nos despertamos a mitad de la fase REM o poco después, no al final.

Desde el psicoanálisis se aporta otra lectura: el olvido del sueño obedece a la misma lógica defensiva que rige el olvido de otros contenidos psíquicos. Si el contenido latente resulta incómodo o amenazante para el yo consciente, la mente tiende a dejarlo caer fuera del alcance de la conciencia. Ambas explicaciones no se excluyen. Para el psicoanálisis, el contenido olvidado no conlleva su total desaparición, aunque el relato concreto del sueño se haya perdido. Como ocurre con otros procesos inconscientes puede seguir influyendo en el estado mental del sujeto, en el estado de ánimo o en reacciones diurnas, etc.

El trabajo de los sueños en psicoterapia psicoanalítica.

En una psicoterapia psicoanalítica, el relato de un sueño, cuando el paciente lo recuerda y lo decide llevarlo a sesión, es un material especialmente valioso. No porque exista un diccionario universal de símbolos asociados a contenidos oníricos que permita traducir cada imagen a un significado fijo. Sino porque el sueño, trabajado mediante la asociación libre del propio paciente, abre una vía de acceso a contenidos mentales que la vigilia no permite.

El paciente relata el sueño tal y como lo recuerda, con las lagunas, las incoherencias y los detalles aparentemente triviales. A continuación se le invita a asociar libremente sobre cada elemento: qué evoca esa imagen, esa persona, ese lugar, esa emoción sentida durante el sueño. Es en el tejido de estas asociaciones donde se puede vislumbrar el sentido del sueño en el aquí y ahora de la vida del paciente. Este sentido no lo «descubre» el analista desde fuera, sino que se construye en el diálogo entre ambos, paciente y psicoanalista. El sueño se puede leer también como algo que hace referencia a lo que ocurre en la propia relación terapéutica.

Como ilustración, pensamos en una persona que sueña repetidamente que pierde el tren. En sí misma, la imagen no informa demasiado específicamente. Pero sí, si en la asociación, el paciente conecta esta escena con la sensación de haber «dejado pasar» importantes oportunidades en su vida. Ya sea una relación sentimental, una decisión profesional, una despedida no resuelta, etc. El sueño comienza a mostrar su función: no como un mensaje cifrado, sino como una configuración psíquica que el proceso asociativo hace inteligible.

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