La disponibilidad del psicoanalista viene determinada por las condiciones específicas del encuadre de la psicoterapia psicoanalítica. El proceso psicoterapéutico psicoanalítico requiere la realización del tratamiento en forma de sesiones de tiempo de tratamiento. Cada sesión debe acoger la posibilidad de la comunicación del paciente y de la receptividad del psicoterapeuta. Estas condiciones de posibilidad del tratamiento psicoanalítico configuran también la disponibilidad del analista. Lo que definirá la disponibilidad del psicoanalista será la realización de su función como analista de la realidad interna del paciente. La disposición emocional del analista se refiere a su capacidad para estar emocionalmente disponible y receptivo durante las sesiones terapéuticas. Lo que le permite sintonizar con las experiencias internas del paciente y facilitar una más profunda comprensión de sus conflictos inconscientes. La experiencia psicoanalítica del analista forma parte de la construcción y despliegue -sine qua non- de su actitud de disponibilidad emocional. El techo de la disponibilidad del analista estaría en poder realizar la función analítica de manera suficientemente buena.
Cuando pensamos en la disponibilidad del psicoanalista hacia el paciente tenemos la referencia del encuadre psicoanalítico, por tanto, la atención psicológica desplegada en una relación psicoterapéutica específica. Es sabido que existe multiplicidad de modalidades de atención psicoterapéutica. Todas las modalidades de psicoterapia se basan en la capacidad de la persona humana para utilizar los recursos mentales, cognitivos y emocionales, utilizando el lenguaje. Cada una de las formas de hacer psicoterapia utiliza el lenguaje, la palabra, de forma diferente, para llevar a cabo el abordaje psicoterapéutico. Algunas modalidades de psicoterapia pueden utilizar recursos adicionales: juego, dibujo, pintura, dramatización, danza, música, etc.
En toda psicoterapia encontramos la demanda de la persona del paciente dirigida a la persona del psicoterapeuta, habitualmente psicólogo clínico o psiquiatra. La eficacia de la psicoterapia requiere, entre otras cosas, la disponibilidad del psicoterapeuta para atender a su paciente. En la modalidad psicoanalítica la disponibilidad del psicoanalista viene determinada por las condiciones del encuadre de la psicoterapia psicoanalítica.
En este artículo enfocado en la persona del psicoanalista utilizaremos las palabras psicoterapeuta, terapeuta, psicoterapeuta psicoanalítico, psicoanalista o analista para referirnos a la misma persona. Siendo terapeuta la palabra más global y psicoanalista o analista la más específica. Terapeuta es la referencia más genérica a la persona que trata enfermedades o sufrimientos. Le sigue «psicoterapeuta«, que enfatiza en la atención a la psique y por vía psicológica. «Psicoterapeuta psicoanalítico» es quien atiende a la psique aplicando la técnica psicoanalítica. «Psicoanalista» es la persona que usa el psicoanálisis como terapéutico. «Analista» es un coloquialismo de psicoanalista.
La relación terapéutica entre el paciente y el psicoterapeuta psicoanalítico tiene como objetivo el tratamiento de la conflictiva inconsciente del paciente. Se parte del supuesto de que los problemas emocionales, de pensamiento y de comportamiento, que presenta el paciente, están determinados por conflictos inconscientes. Así, a través del diálogo que se establece entre el paciente y el analista, partiendo de la comunicación verbal del paciente, se trata de explorar ese mundo inconsciente. Lo que está detrás de la conciencia del paciente, de su configuración emocional, de pensamiento y de conducta. Lo que subyace a los síntomas y a los patrones de comportamiento: el mundo implícito.
La especificidad psicoanalítica supone una relación terapéutica de mayor intensidad y profundidad que otros abordajes psicoterapéuticos. A menudo se utiliza mayor frecuencia de sesiones así como diván. Lo que favorece la exploración de los conflictos inconscientes internos y, en consecuencia, favorece cambios significativos en la personalidad y el funcionamiento emocional del paciente. Esta exploración se realiza, en la práctica, a partir del despliegue dialogal de la comunicación entre el paciente y el psicoterapeuta. Las asociaciones del paciente, verbales y no verbales, ayudarán al analista -atento a toda la comunicación del paciente- a comprender su inconsciente. Aquí radica la importancia de la disponibilidad del psicoanalista hacia el paciente.
Cada uno de los protagonistas del encuentro psicoterapéutico tiene una función distinta. Al paciente, que es quien se ha movido a buscar a un psicoanalista, le toca expresar, con palabras, lo que tiene dentro, en su mente. Pensamientos, sentimientos, emociones, anhelos, miedos, sensaciones, sueños, deseos, frustraciones, etc. El paciente puede moverse a encontrar un psicoterapeuta, precisamente, merced a la disponibilidad, inicialmente externa, de aquél. Gracias a que el psicoanalista está disponible para atender a pacientes en su consultorio; está localizable de alguna forma.
Esta disponibilidad externa del analista, que tenga un consultorio, es muy poca disponibilidad. Lo que definirá la disponibilidad del psicoanalista hacia el paciente será la realización de su función como analista de la realidad interna del paciente. ¿Qué le toca hacer al analista? Desarrollar una actitud de escucha profunda de los determinantes implícitos de la realidad de sufrimiento mental de su paciente: mediante la escucha de su comunicación. Verbal y no verbal. Se trata de un proceso de ir desvelando los significados emocionales que atenazan la configuración interna, mental, del paciente. Ofreciendo al paciente hipótesis comprensivas de lo que le está sucediendo en su sufrimiento. ¿Por qué le ocurre que sufra de esta manera concreta?
¿Qué entendemos por disponibilidad del psicoanalista hacia el paciente? Las condiciones de posibilidad para desarrollar la función psicoanalítica. El consultorio psicoanalítico forma parte de la disponibilidad más externa. No es posible realizar el proceso psicoterapéutico psicoanalítico sin un espacio físico en el que se pueda desplegar. Pero más allá del espacio son necesarios otros medios que den posibilidad a la psicoterapia psicoanalítica: las condiciones del encuadre de trabajo, las sesiones. El proceso psicoterapéutico psicoanalítico requiere la realización del tratamiento en forma de sesiones de tiempo de tratamiento. Cada sesión debe acoger la posibilidad de la comunicación del paciente y de la receptividad del psicoterapeuta. Estas condiciones de posibilidad del tratamiento psicoanalítico configuran también la disponibilidad del analista.
La parte más interna de la disponibilidad del analista es la capacidad que éste debe tener para mantener una presencia receptiva, o escucha activa. Su actitud debe facilitar un espacio -que ya no es físico sino mental- en el que el paciente pueda expresar pensamientos, sentimientos y emociones. Todo lo que configura el mundo interno del paciente y que le hace sufrir. Los pacientes buscan a los psicoterapeutas debido al sufrimiento que sienten.

La disponibilidad del analista debe basarse en la capacidad de empatía y de resonancia con el mundo interno del paciente. El psicoanalista debe ser permeable a los procesos tanto transferenciales -del paciente- como contratransferenciales -del analista. Al interjuego de los fenómenos transferenciales y contratransferenciales. ¿Qué le atribuye el paciente? También ¿qué le hace sentir? ¿Qué le hace pensar?
¿Qué se entiende por transferencia? Se entiende el fenómeno en el que el paciente proyecta al analista sentimientos y actitudes originados en relaciones que sobrepasan la relación actual: paciente-analista. Que la sobrepasen no quiere decir que no se apoyen en ella. El psicoterapeuta puede desplegar una forma de comunicación que convoque a la proyección de sentimientos y emociones que el paciente tiene con otras personas. Así, el psicoterapeuta se convierte en la excusa para la valiosa externalización de una parte de la realidad interna del paciente, sobre aquél. Externalización que construye la posibilidad del proceso de comprensión del paciente, con el adecuado retorno de la comunicación comprensiva del terapeuta. La proyección permite la exploración de los conflictos inconscientes y, por tanto, representa un camino primordial para su resolución.
Complementariamente, la denominada contratransferencia conlleva las respuestas emocionales del analista hacia el paciente, tanto conscientes como inconscientes. Que a su vez, se pueden entender como reacciones al paciente, del analista, o como procedente de conflictos no resueltos del propio analista. Se espera que el analista pueda analizar estas reacciones suyas, todas, o durante el tiempo de la sesión, o en el intervalo intersesiones. De modo que sus reacciones contratransferenciales puedan ser utilizadas como una herramienta diagnóstica y terapéutica, en beneficio del paciente. La disponibilidad del analista también estaría configurada, pues, por su capacidad de poder transformar sus reacciones emocionales en pensamientos a ofrecer a su paciente.
La disposición emocional del analista se refiere a su capacidad para estar emocionalmente disponible y receptivo durante las sesiones terapéuticas. Esta disponibilidad permite al analista sintonizar con las experiencias internas del paciente y facilitar una más profunda comprensión de sus conflictos inconscientes. Ciertamente que esta receptividad emocional del analista requiere la creación de un clima de confianza que necesita de la comunicación sincera del paciente. La disposición emocional del analista se ve estimulada por el despliegue de la actitud confiada de su paciente. Y viceversa: la actitud del analista estimula el clima de confianza en el paciente. En realidad, ambos, psicoterapeuta y paciente, están inmersos en un mundo emocional que se despliega en las sesiones de tratamiento.
Sin embargo, el analista no puede quedar atrapado en la virulencia de las emociones de la situación analítica, siempre debe ser capaz de cierta distancia. Debe conservar en su interior una actitud de «terceridad» o de observación de lo que ocurre en el aquí y ahora de las sesiones psicoterapéuticas. Precisamente, para poder construir el feedback de su comprensión, en palabras, al paciente. Sin negar que la comunicación paciente-psicoterapeuta es más global que la que pasa por el intercambio de palabras. Ambos captan más, uno de otro, que lo que se dice con palabras.
Desde los orígenes del psicoanálisis es requisito de la formación del psicoterapeuta psicoanalítico la experiencia psicoanalítica propia que analice su configuración interna. La propia experiencia psicoanalítica del analista, ahora ubicado en el lugar del paciente, debe servir también para poder empatizar con él. Así, la experiencia psicoanalítica del analista forma parte de la construcción y despliegue -sine qua non- de su actitud de disponibilidad emocional. No es posible pensar en poder desarrollar una disponibilidad psicoanalítica sin el proceso de formación psicoanalítico específico: análisis personal, formación y supervisión.
¿Tiene límites la disponibilidad del psicoanalista hacia el paciente? Entendemos que como todo lo que se manifiesta bajo las coordenadas del espacio y el tiempo, sí, los tiene. El propio tratamiento psicoanalítico tiene límites. Se despliega en un tiempo limitado, tanto el tiempo de las sesiones como el tiempo total del proceso terapéutico. El analista no está siempre disponible durante el tiempo que dura el tratamiento sólo en algunos intervalos de tiempo; el de las sesiones. El paciente está invitado, en psicoterapia psicoanalítica, a poder tolerar este juego de presencias y ausencias.
No todos los pacientes son iguales, algunos tienen más sufrimiento que otros o más complicaciones emocionales. Las características mentales de algunos pacientes requieren una disponibilidad del terapeuta más flexible; especialmente en lo que se refiere a las condiciones «externas» del tratamiento. Sin embargo, esta adecuación del terapeuta a determinadas condiciones de la realidad del paciente debe tener un límite. El tope de la flexibilidad, de la disponibilidad del analista, a la particularidad de las circunstancias del paciente, sería la apreciación del proceso del tratamiento. ¿El paciente se muestra comprometido con la tarea terapéutica o quiere huir, o no puede tolerarla?
Por otra parte, la disponibilidad también tiene un límite distinto en cada psicoanalista. Tampoco existen dos psicoanalistas iguales. Un analista puede mostrarse con capacidad de sintonizar con el paciente y de entenderlo, y no ser así lo que puede mostrar otro. Así, como todo lo humano está sujeto al límite, también la disponibilidad del analista a la atención y comprensión profunda de su paciente. Sin embargo, el techo de la disponibilidad del terapeuta estaría en poder realizar la función analítica de manera suficientemente buena. Siendo un analista lo suficientemente bueno de este paciente particular se mostraría una disponibilidad analítica suficientemente buena, también.