La pregunta «¿por qué tengo yo este sufrimiento?» remite a diversas interpretaciones. La primera, ¿cuál es la causa del sufrimiento? La segunda, ¿por qué tengo sufrimiento en vez de felicidad? La tercera, ¿por qué me toca a mí este sufrimiento? La cuarta, ¿cuál es el sentido de este sufrimiento? El sufrimiento existe, en la intimidad del yo que lo sufre. La psicología y el psicoanálisis tratan de intentar dar respuesta desde el marco de comprensión de los fenómenos mentales y emocionales de la psique humana. Entendiendo las causas del sufrimiento mental. Las espiritualidades tratan de dar respuesta a la pregunta por el sentido del sufrimiento. Adentrándose en un horizonte de comprensión cualitativamente diferente a la conciencia común, las diversas espiritualidades tratan de ofrecer una comprensión del misterio existencial del sufrimiento humano. Al despertarse el "tercer ojo", en el hinduismo y el budismo, o los "ojos del corazón", en el cristianismo, el judaísmo y el islam.
La pregunta «por qué tengo yo este sufrimiento» admite diversas interpretaciones. Una, ¿podría ser, cuál es la causa del sufrimiento que experimento? Otra, ¿cuál es la razón de que el sufrimiento me haya tocado a mí? Dicho de otro modo, ¿por qué lo tengo yo, el sufrimiento, y no otro? O todavía, otra, ¿por qué tengo yo este sufrimiento en vez de felicidad? ¿Cuál es el sentido del sufrimiento? Vemos, pues, cómo una simple pregunta puede llevar a significaciones diferentes dependiendo del énfasis que se ponga en una parte u otra del enunciado.
El sufrimiento se siente. Es una realidad evidente para quien lo siente, para quien lo sufre; una realidad íntima del yo humano. Es una reacción egodistónica, que provoca displacer al yo. El yo de la persona humana, lo querría expulsar de sí. La psique humana está programada para obtener la satisfacción, la gratificación, de distintos signos, y para rechazar el padecimiento, la insatisfacción. De muy pequeños, los humanos hemos aprendido a querer la gratificación, incluso sensorial, y a rechazar la insatisfacción. Recordemos que de bebés, los humanos, buscamos ser gratificados por nuestras madres, cuando tenemos hambre o malestar. Al inicio de la vida humana el intercambio interpersonal está plagado de sensorialidad, especialmente entre el cuerpo-mente de la madre y el del bebé.
El sufrimiento es, pues, una reacción de la mente humana que rechaza la realidad que sea que provoca sufrir. Dicho de otro modo es como un desacuerdo que siente el yo ante lo que le toca vivir. Está claro que tratándose de una reacción mental individual, íntima del yo, es personal e intransferible. Lo que a mí me provoca padecimiento, no tiene por qué provocarlo a otro y viceversa. Si bien, muy probablemente, habría un gradiente de respuestas de padecimiento que sería bastante común entre unos y otros individuos. Aunque la respuesta del sufrimiento debe producirse de forma individual. Es el yo de la persona quien lo siente, o no.
¿Y cuáles son las causas del padecimiento? ¿Qué puede causar el padecimiento? Se puede pensar que hay razones tanto externas -al yo- como internas. Entre las externas podríamos pensar en las experiencias que tiene el yo, en el contacto con el mundo externo al yo. Y las internas serían las respuestas del yo frente a realidades interiores: pensamientos, sentimientos, emociones.
Entre las experiencias favorecedoras de sufrimiento estaría todo lo que amenaza la tranquilidad mental. Serían experiencias que se le imponen al yo, desde fuera. Entre ellas, las enfermedades que amenazan la salud, las experiencias de pérdida de todo tipo que amenazan el bienestar y los problemas de la vida. Todas las experiencias externas que son potencialmente amenazadoras debilitan al yo. La debilidad sería la reacción del yo ante los cambios que se han producido en el exterior. La enfermedad inesperada, la pérdida de un ser querido, la pérdida del trabajo, las dificultades de la vida personal, familiar, de relaciones interpersonales serían ejemplos.
Las reacciones internas del sufrimiento proceden de la realidad mental interna de la persona. Son puramente las respuestas que el yo fabrica en forma de pensamientos, expectativas, interpretaciones, sentimientos, emociones. Estas respuestas internas, ciertamente, pueden cruzarse también con las experiencias vividas en el contacto con la realidad. Sin embargo, las experiencias externas tienen una respuesta más reactiva de sufrimiento. El padecimiento interno es más fruto de una configuración mental que se cuece a fuego lento en la intimidad. Las expectativas de rechazo personal antes de que se produzca el contacto con la realidad. La falta de esperanza en el porvenir. La melancolía vital. La falta de confianza en uno mismo. Etcétera. Serían ejemplos de padecimiento mental proveniente de dentro de la persona.
Cuando la pregunta «por qué tengo yo este sufrimiento» apunta a saber la causa del mismo, si acertamos la respuesta, ya hemos respondido al interrogante. Sabríamos entonces si la causa es externa o interna, o una mezcla de ambas. Si no es el caso, se puede tener el deseo de entender cuál es la causa o causas del sufrimiento. Para este fin puede pensarse, por ejemplo, en la consulta psicológica.
El psicoanálisis trata de responder a la pregunta por la existencia del sufrimiento en base a la teoría psicoanalítica. Teoría construida a lo largo del tiempo -más de un siglo- en estrecha alianza con la práctica psicoanalítica que atiende al sufrimiento mental. La clínica psicoanalítica ha ido verificando la división interna del sujeto humano habitado por fuerzas que lo configuran más allá de la conciencia. Se debe a la comprensión psicoanalítica el concepto de inconsciente que explica la complejidad subjetiva. La mente individual es un teatro en el que aparecen tendencias en conflicto -inconscientes- que responden a las experiencias emocionales existentes desde el principio.
El sufrimiento sería el resultado de las dificultades internas para resolver adecuadamente el conflicto entre las tendencias mentales en disputa. Reprimiendo deseos intolerables, sepultando recuerdos traumáticos, repitiendo compulsivamente formas de pensamiento, sentimiento y emoción inductoras de sufrimiento, etc. El sujeto estaría sufriendo por no poder dejar de repetir los patrones mentales y emocionales que se habrían gestado a lo largo de su vida. ¿Cómo se vincula con los demás? ¿Qué busca, qué teme? ¿A qué se aferra, qué rechaza? ¿Qué elecciones hace en los distintos ámbitos de la vida? La respuesta a estas preguntas -y otras- daría luz respecto a cómo se gesta el sufrimiento y cómo se relaciona con él el individuo.
La perspectiva psicoanalítica propugnaría que sufrir, sin embargo, es inherente a la condición humana y que sólo se puede modular, no extinguir. Lacan considera que hay que aceptar que, merced a estar habitados por el lenguaje y el deseo, el sujeto humano está configurado por una falta. Esa falta hace que nunca sea posible la satisfacción total. La fantasía de unidad original propia de la primera infancia se habría perdido al acceder al lenguaje; en consecuencia, estaría la experiencia de límite.
Si la pregunta apunta a la queja de por qué me ha tocado a mí el sufrimiento y no la felicidad, el escenario es otro. Este escenario puede darse tanto si hay conciencia del sufrimiento y de las razones que lo generan como si no. La sensación de injusticia por el sufrimiento puede aparecer entendiendo por qué se manifiesta de manera suficientemente clara o difusa. Sin embargo, el denominador común sería la sensación de dificultad para soportar el sufrimiento. Al igual que la dolorosa sensación de injusticia por tenerlo.

Un matiz distinto en la pregunta sobre el por qué del sufrimiento, es referirse al sentido de su manifestación. Esta posibilidad coloca al interrogador algo más allá de la actitud emocional de la queja por la injusticia del sufrimiento. Lo sitúa en el ámbito más reflexivo, distanciándose del dolor del sufrimiento. Este vértice puede buscar una comprensión que vaya más allá de la explicación lineal causa-efecto para adentrarse en una dimensión del misterio de la existencia. ¿Qué es este misterio de mi existencia que me hace pasar por este trance de sufrimiento?
Hace tiempo que el ser humano se ha manifestado en el mundo. Tiene una historia de años. Y estas preguntas llevan tiempo tomando protagonismo en diferentes tradiciones espirituales de todas partes, mucho antes de la psicología moderna de Wundt (1879). ¿Cómo abordan la existencia del sufrimiento las distintas tradiciones espirituales? Ciertamente, de diferentes formas unas de otras, pero con un nexo común: el sufrimiento como posibilidad de transformación interna. En un sentido distinto al que le da el psicoanálisis que también compartiría la visión del sufrimiento como posibilidad de cambio subjetivo. Por cuanto la presencia del sufrimiento obliga a la puesta en acción del pensamiento -reflexivo- con vistas a liberarse de él.
Las distintas tradiciones religiosas, al tener cosmovisiones distintas, responden de forma distinta, también, al problema del sufrimiento. Las espiritualidades teístas (judaísmo, cristianismo, islam, algunas espiritualidades hinduistas) plantean la realidad de la vida humana en relación a un Dios que es trascendente. Las espiritualidades no teístas (budismo, y algunas espiritualidades hinduistas) no tienen una concepción de la vida humana en relación a un Dios. Sin embargo, lo que sí es común es el anhelo de trascender el sufrimiento. Dicho de otro modo, como si el sufrimiento pudiera ser el vehículo para despertar a una nueva manera de ver y de vivir la vida.
El budismo es la única espiritualidad que defiende la posibilidad de la extinción del sufrimiento, explícitamente, merced a la comprensión del sufrimiento (dukha) como apego. El funcionamiento de la mente es lo que causa dukha. El deseo -y la aversión- es la causa del apego; la extinción del deseo (nirvana) seria la liberación definitiva. Aferrarse, concretamente, a una identidad del yo es causa de sufrimiento. Lo que hace falta es captar la impermanencia de todo, soltar la idea del yo. El resultado es la desaparición del padecimiento.
El cristianismo presenta la realidad del sufrimiento como un misterio existencial que, en cualquier caso, debe ser trascendido, pero no negado. De hecho la figura central, Cristo, está tocada por el padecimiento; a Cristo le toca sufrir, concretamente, su pasión hasta la muerte en cruz. Así, el cristianismo entiende que Dios se hace suyo el padecimiento, sufre con el hombre, sufre el sufrimiento humano. Aunque el sufrimiento es sólo un paso en el proceso de la salvación; la resurrección es el fin del proceso. La criatura humana está llamada a la vida eterna con Dios.
El judaísmo contempla el sufrimiento como un misterio de la existencia histórica humana que debe llevar a la alianza con Dios trascendente. No existe una sola causa del sufrimiento, sino muchas: desde la corrección divina a la consecuencia de actos humanos injustos y al misterio existencial. El libro de Job, del Antiguo Testamento, recoge el padecimiento del justo inocente que, pese al dolor y las aflicciones, confía en Dios. El sufrimiento puede ser entendido como prueba de fe. Hay que creer en Dios, confiar en Él, a pesar del padecimiento, mantener la alianza del pueblo de Dios. El padecimiento es un llamamiento a la acción ética. Pero Dios, a pesar de ser compasivo con el hombre, permanece trascendente.
El islam entiende el sufrimiento como una prueba (ibtilā’) de Dios que pretende purificar el corazón del hombre y fortalecer la fe. Puede entenderse como una medida de la fe. El sufrimiento busca la sumisión, la obediencia, del fiel a Dios: InshAllah (si Dios quiere). Todo procede de Allah, de Dios. Pero Dios permanece trascendente ante el sufrimiento humano, aunque puede acompañarle.
En el hinduismo el sufrimiento es consecuencia del karma, la ley del universo que sostiene que toda acción tiene consecuencias morales y causales (samsara). Samsara es el ciclo continuo de nacimiento, muerte y renacimiento de todos los seres que no se liberan, que permanecen ignorantes de su naturaleza divina. Las divinidades hindúes (Krishna, Vishnu, Shiva, Rama, etc) pueden acompañar en el sufrimiento, conceder gracias, acelerar la liberación, pero no eliminan el karma.
El hinduismo ve el sufrimiento como una ignorancia espiritual (avidya) que nos hace olvidar nuestro ser real, atman. En el fondo, atman es Brahman (Tat Tvam Asi). Brahman es el Absoluto, la única realidad. La identificación con el cuerpo-mente material, con el ego, es la causa del sufrimiento. El sufrimiento es la prueba de que no conocemos nuestra naturaleza divina. Alcanzar la unidad con Brahman (Moksha), la realidad absoluta, comporta la liberación del ciclo de samsara, y del sufrimiento.
La pregunta tiene muchas interpretaciones -decíamos- y muchas respuestas posibles. Las respuestas que puede aportar la psicología y el psicoanálisis, en particular, tienden a dar explicaciones plausibles en términos causales. De acuerdo a su enfoque en los procesos mentales y emocionales. Para la psicología cognitiva el sufrimiento mental está en relación con los pensamientos erróneos, con el discurso que el paciente se da a sí mismo. El padecimiento, como mínimo, se aliviaría cambiando los pensamientos. Para el psicoanálisis el sufrimiento mental está en relación a las emociones, al conflicto de tendencias inconscientes que habitan dentro de nosotros. Se trata de entender más ampliamente lo que nos sucede por dentro para aliviar el padecimiento mental.
Otra cosa es la pregunta por el sentido del sufrimiento, ¿por qué ocurre que yo tengo este padecimiento? La respuesta a este sentido de la pregunta nos ubica en un marco de comprensión más amplio, más mistérico. En este ámbito, la historia ilustra las diferentes respuestas que diferentes tradiciones han ido construyendo durante años para entender y trascender el sufrimiento. Al menos, desde este vértice de espíritu, el padecimiento si bien no se niega, sí puede quedar muy minimizado o trascendido por completo.
El budismo es la espiritualidad que profesa la extinción del sufrimiento, explícitamente. El resto de espiritualidades, no de forma explícita, pero se puede entender que sí, de forma implícita. En el sentido de que si se contempla la perspectiva mistérica de la existencia, en sus diferentes formatos, el sufrimiento puede quedar, como mínimo, diluido. Por cuanto las espiritualidades aportan un cambio de mirada, respecto de la mirada común. Al despertarse el “tercer ojo”, en el hinduismo y el budismo, o los “ojos del corazón”, en el cristianismo, el judaísmo y el islam.