La meditación, práctica de quietud silenciosa.

Resumen

La práctica de la meditación comporta la quietud del cuerpo y de la mente; requiere la atención a la respiración y-o de la repetición de una palabra. Los orígenes de la meditación los encontramos en el hinduismo, entre 1500 i 500 a.C. Los Vedas ya hacen referencia a ella. El budismo chan sistematizará la práctica de la meditación sentada (zazen) para conseguir el nirvana. Otras prácticas espirituales cristianas, judías y islámicas se pueden asimilar a la meditación oriental. En occidente se ha incorporado la práctica de la meditación secundariamente a la secularización que ha provocado el desencantamiento del mundo. La meditación parece que pueda recuperar la dimensión misteriosa de la existencia en occidente. La práctica de la meditación comporta beneficios psicológicos y físicos que son ya una evidencia en la comunidad científica. También se ha incorporado en los programas de terapia basada en el mindfulness.

La práctica meditativa se caracteriza por el silencio, por la introducción de la pausa silenciosa en el ruido de la vida contemporánea. El 21 de diciembre se ha instaurado como día mundial de la meditación, cuando la Asamblea General de la ONU así lo declaró, en 2024. La propia ONU considera que son millones de personas los practicantes de la meditación en todo el mundo: entre 200 y 500 millones de personas. Poco en una población mundial de 8 mil millones de personas. Pero están ahí. Personas de todo el mundo la practican, la meditación. Podemos pensar que personas de condiciones, culturas -y religiones- diferentes pueden estar practicándola simultáneamente en distintos lugares del planeta. La ONU tiene, desde 1952, una sala de meditación, inaugurada por Dag Hammarskjöld. Quien, el día de su inauguración dijo: “tenemos entre nosotros un centro de quietud rodeado de silencio”. De ahí que la meditación sea una práctica de quietud silenciosa.

¿Qué es la meditación?

¿Qué es esta práctica meditativa que realizan tantas personas en el mundo? Si son personas las que la practican significa que son seres humanos dotados de cuerpo y mente, o, de cuerpo, mente y espíritu. La condición corporal del ser humano le predispone a la acción en el mundo, al movimiento del cuerpo en el espacio. La condición mental le dispone al movimiento de pensamientos, sentimientos, sensaciones, emociones. Cuerpo y mente se interrelacionan de forma estrecha, así, el cuerpo influencia a la mente, y la acción de la mente se transmite al cuerpo.

Estar en el mundo en cuerpo y mente nos dispone a la interacción social con otros seres humanos que también estimulan nuestra dotación cuerpo-mente. Así, nuestra mente y nuestro cuerpo pueden estar bien activos, cada uno a su nivel, e interactuar uno con otro. La dimensión de espíritu, que no es defendida por todos, puede incidir, también, tanto en la mente como en el cuerpo. Y, secundariamente, en nuestras interacciones con nuestros congéneres. Al igual que la relación con los demás puede llevarnos a contactar con la dimensión espiritual.

La meditación se caracteriza, mayoritariamente, por dejar el cuerpo quieto, inmóvil, libre de la acción y del movimiento. En menor medida, existen las prácticas meditativas que se despliegan con el movimiento del cuerpo. La meditación se realiza, especialmente, inmovilizando el cuerpo: bloqueando por un tiempo su posibilidad de movimiento, sentándose. Paralelamente, la mente debe quedar lo más quieta posible. En la meditación, se trata, pues, de aquietar cuerpo y mente; y espíritu. Usualmente, el aquietamiento de la mente durante la meditación se ve facilitado por la orientación de la atención a la respiración y a la repetición de una palabra. Esta palabra recibe distintos nombres según la tradición espiritual de referencia; entre ellas destaca la popular palabra “mantra”.

Origen de la meditación.

La meditación tiene un origen multicultural, aunque mayoritariamente se considera propia de las tradiciones orientales. El hinduismo, en la India, es la primera tradición en usar la meditación como práctica espiritual. Los textos de los Vedas hacen referencia a ella entre 1500 y 500 a.C. El yoga, que se sistematizará como técnica psicofísica y espiritual, incorpora la meditación en su práctica. Concretamente, es el séptimo paso (dhyana) del Asthanga Yoga, los 8 pasos del sistema de espiritualidad compilado por Patanjali (siglo II a. C.). Samadhi, la experiencia directa de la verdad última, superando la dualidad sujeto-objeto, es el octavo y último paso del Asthanga Yoga.

El budismo originario de la India, se sistematizará de forma diferenciada del hinduismo a partir de Siddharta Gautama, en el siglo VI a.C. Siddharta Gautama, Buda, dará origen a la tradición budista que también utilizará la meditación como herramienta de realización espiritual (samadhi). De la India pasará a otros países: Sri Lanka, Tíbet, China, Japón y otros países del sudeste asiático. En China, el budismo chan utilizará las enseñanzas del Buda armonizándolas con el taoísmo. De esta nueva tradición, el budismo chan, surgirá la práctica de la meditación zen, con el énfasis en la meditación sentada (zazen) para alcanzar el nirvana.

La meditación, práctica de quietud silenciosa. Perfil de Buda.

Otras tradiciones religiosas más tardías, como el cristianismo, el judaísmo y el islam, tienen prácticas espirituales que pueden asimilarse a la meditación. La oración contemplativa silenciosa, en el cristianismo, mediante la quietud mental, pretende alcanzar la unión mística de la criatura con Dios. La Kavanah en el judaísmo pone el énfasis en la concentración de la oración o de los rituales, la atención plena, para hacer consciente la experiencia espiritual. La muraqaba en el islam que, mediante dhikr -la repetición de los nombres de Dios- y la concentración, pretende alcanzar la unión con Dios.

La meditación en occidente.

El contexto originario de la meditación son las tradiciones de sabiduría y espiritualidades del mundo oriental. Posteriormente se han añadido prácticas del mundo occidental que también están arraigadas en tradiciones religiosas. Más tarde, y de forma especial en occidente, la meditación exportada de oriente, ha tenido una comprensión más basada en la mentalidad occidental. La progresiva secularización de occidente se ha interesado por la sabiduría ancestral del oriente tratando de encontrar una alternativa al desencantamiento del mundo (Max Weber). Desencantamiento que ha supuesto una pérdida de la dimensión del misterio de la vida en favor de la racionalidad y la ciencia.

La meditación responde a esa necesidad de bienestar que tiene el ser humano; bienestar que no se agota en el predominio de la razón. Precisamente, la meditación se basa en dejar a un lado el razonamiento discursivo para entrar en una modalidad de predominio de la atención. La práctica meditativa ofrece la percepción de la realidad del aquí y ahora sin tener que controlar lo percibido. La razón a menudo pretende categorizar lo percibido, aunque sólo sea poniéndole nombres. En la meditación, no procede entrar en el proceso de la mente, de las sugerencias de la razón, de la imaginación, del recuerdo. Se trata de suspender la actividad mental, en la medida de lo posible, y permanecer atento al ser, sin atributos.

Esta praxis meditativa aporta beneficios en la vida personal de quien la practica. Por cuanto abre una dimensión de aquietamiento que sobrepasa la común actividad mental y corporal del sujeto. Esta quietud meditativa puede equipararse a la dimensión de espíritu de las tradiciones religiosas. Precisamente, la mentalidad racionalista y cientista de occidente ha explorado los beneficios que supone la meditación para el practicante. Y ha hecho hallazgos que confirman las intuiciones de las sabidurías orientales.

Beneficios de la meditación.

La mentalidad occidental necesita ver la utilidad de las cosas. La meditación, ¿para qué sirve? La introducción de la experiencia meditativa aporta beneficios para la vida del practicante. La reiterada introducción de la experiencia de quietud y el desarrollo de la atención en el aquí y ahora deja huella, de alguna manera. ¿De qué beneficios hablamos?

La salud mental mejora: los indicadores de ansiedad y estrés mejoran, reduciéndose sus niveles. Lo mismo ocurre con la sintomatología depresiva si no es grave. Favorece la reducción de la reactividad cognitiva y la evitación conductual. Asimismo, mejora la capacidad de concentración. El desarrollo de la atención mejora la percepción corporal lo que se traduce también en una disminución de la ansiedad.

También existen referencias de mejoría del funcionamiento del organismo físico. A nivel inmunológico, parece contribuir a mejorar las funciones inmunitarias, a la disminución de procesos inflamatorios, a la mejora del sueño. En la disminución de la reactividad del sistema nervioso autónomo, en el aumento de la actividad de la telomerasa. En niveles más altos de melatonina y serotonina plasmáticas, etc. Mejora la calidad favorece una mejora sintomática en el síndrome del intestino irritable, el síndrome de fatiga crónica, los sofocos, la hiperfagia relacionada con el estrés. Disminuye el deseo en el abuso de substancias. Ciertamente son beneficios que deben tomarse con cautela y que no aplican a todos los sujetos de forma generalizada.

La meditación se incorpora en programas propiamente terapéuticos como el mindfulness: Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR) creado por Jon Kabat-Zinn. Sus programas de atención plena (mindfulness) pretenden alcanzar el bienestar físico y emocional de las personas que padecen. Por extensión, también se aplica en la terapia cognitiva basada en el Mindfulness-based cognitive therapy (MBCT).

Hallazgos cerebrales.

Las investigaciones neurológicas en relación con la práctica de la meditación han explorado diversos mecanismos de acción dentro del cerebro. a) El córtex cingulado anterior, que regula la atención. b) La ínsula y la unión temporoparietal, que regula la consciencia corporal. c) La modulación de la amígdala por la corteza prefrontal lateral, responsable de la regulación de las emociones. d) La activación de la corteza prefrontal medial dorsal o la disminución de la actividad en las regiones prefrontales, implicada en la reevaluación cognitiva. e) La corteza prefrontal ventromedial, el hipocampo y la amígdala, implicados en los procesos de exposición, extinción y reconsolidación. f) La corteza prefrontal media, la corteza cingulada posterior, la ínsula, la unión temporoparietal comprometidas en el autoconcepto flexible.

Los efectos neurobiológicos de la meditación que han sido investigados y -parece que- acreditados serían los siguientes. 1) La desactivación del modo por defecto de red; que genera pensamientos espontáneos, contribuye al mantenimiento del yo autobiográfico y se asocia con ansiedad y depresión. 2) La activación de la corteza cingulada anterior que sustenta las funciones de atención. 3) La activación de la ínsula anterior asociada con la percepción de la sensación visceral, la detección del latido del corazón y la frecuencia respiratoria. Igualmente, con la respuesta afectiva al dolor. 4) Activación de la corteza cingulada posterior que ayuda a comprender el contexto del que surge un estímulo. 5) Activación de la unión temporoparietal que asume un papel central en la empatía y la compasión. 6) La disminución de la activación de la amígdala implicada en las respuestas de miedo.

Hallazgos cerebrales que acreditan el desarrollo de la conciencia metacognitiva, la conciencia interoceptiva, la aceptación experiencial, la autogestión, el control de la atención, la memoria y la relajación. Los efectos de la meditación como práctica de la quietud silenciosa.

La práctica de la meditación.

Si bien la meditación puede definirse como una práctica caracterizada por la quietud corporal y mental, no es sino una experiencia subjetiva. La meditación no existe propiamente más que en la experiencia subjetiva del meditador. No hay meditación si no existe un sujeto, un meditador, que la ponga en práctica, que haga la experiencia de meditar. Existen indicaciones, técnicas, para poner en marcha la práctica de la meditación. Estas indicaciones se pueden recoger en varios tratados sobre meditación. Pero si no se pone en práctica, si no se realiza la experiencia de meditar, no son más que indicaciones, palabras. Así, la meditación se realiza en la experiencia de quietud corporal y mental y de activación de la conciencia, de la atención plena.

El móvil que puede llevar a la práctica meditativa puede ser diverso. Búsqueda de bienestar personal, búsqueda de mejores condiciones de vida, cuando existe malestar o sufrimiento mental o físico. Sin embargo, la meditación, en sus orígenes, está vinculada a la búsqueda espiritual, primariamente. Secundariamente, use pueden encontrar beneficios de practicarla. Y es éste el motivo por el que se ha incorporado, la meditación, en varios programas de salud mental y física: el mindfulness.

La meditación del oriente está estrechamente ligada a la búsqueda de la realidad verdadera, a la realización de la consciencia del misterio en el que habitamos. Así, la meditación amplía la percepción de la realidad que somos, rebasando nuestra identificación con la realidad cuerpo-mente. La meditación nos abre a la contemplación del misterio, de nuestro misterio: ¿quiénes somos? La meditación zen, por ejemplo, emplea un koan que el discípulo debe asumir en su práctica: «¿cuál era tu rostro antes de nacer?». Dicho de otro modo: “¿quién soy yo?”. De ahí que la meditación sea la práctica de la quietud silenciosa.

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