Los Beatles, en 1967, publicaron la canción “All you need is love”. El contenido de la letra de la canción pone de manifiesto la necesidad del amor en un alto grado: todo lo que necesitas es el amor. ¿En qué consiste el amor? ¿Cuál es la cuna del amor? La relación de la madre con su bebé. El vínculo madre-hijo va a organizar un tipo de apego. Hay cuatro tipos de apego: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado. La organización del apego afectará el desarrollo del niño y condicionará su futuro como ser adulto y, particularmente, la forma de sus relaciones personales. El amor estimula la producción de neurotransmisores y hormonas cuya liberación cerebral promueve el bienestar, el placer, la relajación, el apego. El amor es una necesidad primaria como han acreditado distintos estudios experimentales que genera dinámicas relacionales de satisfacción y círculos beneficiosos de bienestar.
All you need is love es el título de una canción de los Beatles, escrita por John Lenonn. Fue publicada el 25 de Junio de 1967, para el primer programa de la BBC, en emisión satélite internacional, «Our world». Posteriormente apareció como “single”, el 17 de Julio del mismo año. El contenido de la canción representaba un canto al amor universal. Ciertamente, apareció en pleno contexto cultural hippie.

El amor es un sentimiento propio de los seres humanos que se desarrolla en una relación interhumana, de forma predominante. Decimos predominante, porque existen otros destinatarios del amor, que no son seres humanos. Entre ellos: animales, objetos, conceptos, ideas, naturaleza, etc. Sin embargo, el amor humano es la cima de la expresión amorosa, entre otras razones porque permite tanto la expresión como la recepción del amor en medio de una relación interpersonal.
El ser humano nace a la vida social en una relación de cuidados físicos y emocionales sin los cuales no podría progresar hacia la madurez. El bebé humano requiere de un sistema de cuidados, de cuidados físicos (alimentación, limpieza, vestimenta) y de protecciones (habitat adecuado para protegerse del clima). Pero no menos importantes son los cuidados emocionales de contacto físico, de caricias, de la mirada de los cuidadores (habitualmente la madre). La presencia corporal de la madre provee al bebé de un vínculo temprano emocional que nutre más que la alimentación necesaria para desarrollarse físicamente. No sólo la presencia corporal materna sino la forma en que la mente de la madre, a través del cuerpo, se relaciona con el bebé. La comunicación que se inicia en la mente de la madre y que se transmite mediante su corporalidad estimula el frágil cuerpo-mente del bebé. Miradas, sonrisas, palabras, gestos, abrazos, besos.
Se han realizado experimentos que acreditan que el amor es una necesidad primaria. Entre ellos, el de Harry Harlow que estudia el comportamiento de los macacos bebés en relación con la necesidad de atención amorosa. Los macacos buscan el contacto con una «madre de felpa» antes que con una «madre de alambre». El contacto con la «madre de alambre», que es la que tiene un biberón, sólo lo buscan cuando tienen hambre. El resto del tiempo buscan la madre de felpa, también cuando sienten miedo.
La ausencia de amor o de vínculos de cariño en las etapas tempranas de la vida humana puede tener consecuencias negativas que dejen huella de por vida. Concretamente los estudios sobre privación emocional muestran cómo los niños que crecen sin apego seguro pueden desarrollar dificultades en la regulación emocional y problemas de autoestima. Igualmente, tienen mayor vulnerabilidad en sufrir trastornos mentales.
El apego es lo que permite que el vínculo amoroso incipiente entre la madre y el hijo, se consolide. Si el vínculo se desarrolla con seguridad -para el bebé- provee al bebé de la confianza suficiente para poder explorar el mundo con tranquilidad. El apego a la madre hace de amarre seguro y permite ampliarlo a otros cuidadores, especialmente al padre. Posteriormente puede extenderse a otras figuras confiables.
Pero el apego puede no ser seguro. John Bowlby y Mary Ainsworth, ambos interesados en el desarrollo infantil temprano, encontraron cuatro tipos de apego: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado. M. Ainsworth realizó el experimento de la «situación extraña» con niños pequeños en ausencia de los cuidadores. Los niños con apego seguro, mostraban angustia en ausencia del cuidador, pero se calmaban cuando éste volvía. Los que tenían apego ansioso-ambivalente mostraban una intensa angustia al ausentarse el cuidador y les costaba mucho tranquilizarse aun cuando éste volvía. Los niños con un apego evitativo mostraban aparente indiferencia tanto en la ausencia del cuidador como cuando éste volvía. Los niños con apego desorganizado mostraban reacciones contradictorias e inconsistentes en ausencia y en presencia del cuidador, incluso miedo.
Los tipos de apego condicionan el desarrollo infantil y, en consecuencia, el comportamiento del futuro adulto. Los niños que desarrollan un apego seguro, basado en una constancia del cuidado y el afecto, tienen más facilidad para convertirse en emocionalmente equilibrados. Los niños que han organizado un ansioso apego, basado en la imprevisibilidad, pueden verse empujados a buscar la aprobación y a temer el abandono. Quienes han organizado un apego evitativo, con cuidadores emocionalmente distantes, pueden temer mostrarse vulnerables en las relaciones y buscar la independencia. Quienes desarrollan un apego desorganizado muestran desconfianza en los demás y dificultad para la conexión emocional.
El cariño y el amor recibidos de los demás modulan las propias vivencias emocionales. El amor se da en una relación humana: en la que se recibe y se da amor. Recibir amor tiene efectos mentales beneficiosos. La persona que se siente amada organiza expectativas de confianza en los demás, de esperanza, cosa que predispone al despliegue de amor hacia los demás. Así, el amor genera un circuito de amor que provee satisfacción con uno mismo y con los demás.
El amor genera una respuesta cerebral que es la liberación de neurotransmisores y hormonas que tienen un efecto balsámico sobre el sistema nervioso. La liberación de oxitocina, procedente del hipotálamo, reduce los niveles de cortisol -la hormona del estrés- y promueve la confianza, la relajación y el apego. Es conocida como la hormona del vínculo, del amor, del abrazo. La liberación de dopamina, que transmite señales entre neuronas, activa el sistema de recompensa, de la motivación, del placer y el control motor. Se conoce como la molécula de la felicidad ya que motiva en busca del placer, regula el aprendizaje, la memoria y la atención. La serotonina, cuyo 90% se produce en los intestinos pero actúa en el cerebro, estabiliza el estado de ánimo y proporciona bienestar general. También regula el ciclo del sueño y la función digestiva.
Desde el principio de la vida humana, la vida mental se organiza de acuerdo con las experiencias emocionales vividas, las satisfactorias y las insatisfactorias. Las satisfactorias promueven el desarrollo de actitudes mentales benevolentes: de confianza, de esperanza, de tolerancia, de optimismo, etc. Las insatisfactorias promueven actitudes mentales negativas: de miedo, de desesperanza, de desconfianza, de pesimismo, de odio, de enfado, etc. La mente humana está poblada por emociones, pensamientos y sentimientos de ambos signos.
Los sentimientos y las emociones negativas actúan de forma que dividen el escenario mental en dos. De tal forma que se tiende a proyectar lo malo fuera de la psique, proyectando lo negativo fuera de uno mismo. Colocando la persecución en el otro, de quien el yo debe defenderse. Este hecho mental organiza una relación dentro de la propia mente que es inductora de sufrimiento mental. Un efecto indeseado de esta disociación es el debilitamiento del yo, en forma de baja autoestima.
¿Qué supone el amor para esa parte de la mente? Atenúa la persecución aportando la experiencia emocional contraria: el otro como proveedor de bienestar. Si el otro aporta bienestar, gratificación, se puede organizar secundariamente una relación de confianza. Tanto con el otro como con uno mismo. La parte interna de la mente que sufre se transmuta; el amor cura los sentimientos y las emociones negativas. Incluso las dirigidas hacia uno mismo. La autoestima puede salir reforzada al alza. Si soy merecedor del amor, soy valioso.
Experimentar el amor, en sus distintas acepciones, dispone a la íntima sensación de satisfacción interna. Es evidente que una persona satisfecha consigo misma tenderá a no quejarse de su entorno y a desplegar interacciones positivas, a desplegar satisfacción. A modo de boomerang, el amor expandido tenderá a ser retornado en forma de amor, también. El amor, pues, nutre las buenas dinámicas tanto internas, del sujeto consigo mismo, como externas, del sujeto con los demás.
La provisión del amor ayuda a asumir las vicisitudes de la vida mental propia y las de la vida con los demás. La frustración inherente a la condición humana, que puede ser fuente de estrés, puede asumirse mejor desde la provisión amorosa. El perdón, tan necesario en la vida humana, es más accesible para la mente que está provista de amor. Una mente llena de odio, vacía de amor, no puede perdonar.
La sentencia carmelitana, «donde no hay amor, pone amor y sacarás amor» quizá rubrica este conocimiento sobre el poder del amor. San Juan de la Cruz es su autor. La canción de los Beatles quizá hace hincapié en la necesidad del amor que gratifica la vida humana. Antes que ellos, San Juan de la Cruz había intuido también lo necesario que es el amor para garantizar el círculo beneficioso del amor. Si lo que necesitamos es el amor se trata de cultivarlo, de difundirlo. Porque la difusión del amor cura nuestros malestares subjetivos. All you need is love.