¿Por qué se siente vergüenza?

Resumen

¿Por qué se siente vergüenza? La vergüenza es una emoción social; es una emoción que pone en juego nuestra percepción de cómo nos ven -o pueden vernos- los demás. No hay vergüenza sin exposición a la mirada de los demás. El miedo al rechazo y a la desaprobación de los demás está detrás de la sensación de vergüenza. Mientras el miedo es una reacción de ansiedad a una circunstancia específica, la vergüenza es una reacción consecuente a nuestra autopercepción -como nos vemos a nosotros mismos- y a la percepción de los demás sobre nosotros. Las raíces psicológicas de la vergüenza se hunden en la historia infantil y, particularmente, en como el niño se siente mirado por el entorno. Existen riesgos psicopatológicos para algunas intensidades de la reacción vergonzosa: fobias, ansiedad, depresión, trastornos alimenticios, consumo de tóxicos. Se trata de enfrentar la vergüenza para contrarrestar la fuerza de su presión subjetiva. La psicoterapia de la vergüenza debe explorar tanto los desencadenantes de la emoción como su función y significado.

No siempre y en todo momento se siente vergüenza. Pero en determinadas circunstancias se puede sentir vergüenza, ¿por qué? ¿Qué circunstancias son las que despiertan la vergüenza? Sin duda las circunstancias en las que debo entrar en algún tipo de socialización en la que puedo ser visto -mirado- por los demás. Se trata, por tanto, de una emoción social. ¿Pero por qué se siente, la vergüenza?


¿Qué se entiende por vergüenza?

La vergüenza es una emoción que puede tomar la forma de distintos afectos que tienen el común denominador de ser dolorosos: encogimiento, humillación, turbación. Estos afectos acompañan a la sensación de ser -o poder ser- objeto de desconsideración, ridículo o rechazo. La vergüenza es una emoción que pone en juego nuestra percepción de cómo nos ven -o pueden vernos- los demás.

No hay vergüenza sin la exposición a la mirada de los demás. Así, una de las posibles consecuencias de la vergüenza es la de intentar rehuir las situaciones sociales, o de aquellas situaciones sociales que la desvelan. Dado que la vergüenza es una carga -emocional- molesta para el yo.

En la comparativa social con los demás, podemos sentirnos inadecuados, inferiores, despreciables y es ese sentimiento de fondo el que puede provocarnos la vergüenza. Al igual que la transgresión de las normas establecidas por nuestra cultura, cuáles sean y, de forma especial, por nuestro grupo social. Puesto que es nuestro grupo social quien nos aporta el reconocimiento, la aprobación: «eres de los nuestros». En este caso, se puede entender la vergüenza como una sensación de autocastigo que el propio sujeto se autoinfringe.

El miedo al rechazo y a la desaprobación de los demás está detrás de la sensación de vergüenza. Van juntas, si tengo vergüenza, puedo temer la desaprobación de los demás. Si temo la desaprobación de los demás, puedo sentir vergüenza. Ciertamente, la vergüenza es una reacción interna del propio sujeto, por tanto, anterior a la respuesta de los demás, por ejemplo, el rechazo temido.

Rostro de mujer joven tapado. ¿por qué se siente vergüenza?


Diferencia entre miedo y vergüenza.

El miedo es una reacción secundaria a la sensación de amenaza externa, real o imaginaria. Las formas que puede tomar la amenaza pueden ser diversas: ser agredido, sufrir un daño, perder a alguien, el fracaso, lo desconocido, etc. También se pueden tener miedos específicos, a objetos o situaciones concretas: algunos animales, la muerte, los espacios abiertos o cerrados, situaciones sociales, etcétera. Cuando esto ocurre, se habla de fobias y, concretamente, de fobias específicas: por ejemplo, zoofobia, tanatofobia, agorafobia, claustrofobia, fobia social, etc.

La vergüenza es una emoción social que surge, específicamente, en una situación de socialización. Y que se caracteriza por la sensación interna de ser visto como debilitado, defectuoso, ridículo, fracasado, etcétera. La sensación de no estar a la altura de las expectativas que tienen los demás es una forma de vergüenza. Otra es la que se despierta al tener el convencimiento de haber violado no importa qué norma social sea.

La reacción miedosa, la que despierta el miedo, tiene la función de protegernos de un peligro -real o imaginario- del que nos defenderíamos. O huyendo del peligro, o atacándolo. La reacción vergonzosa, por el contrario, está circunscrita al contexto social y nos obliga a conectarnos con la comunidad de referencia, evitando el rechazo. La vergüenza es, pues, una emoción social que tiene muy presente la cohesión social.

El miedo es básicamente una reacción de ansiedad a una circunstancia específica. La vergüenza es una reacción consecuente a nuestra autopercepción -como nos vemos a nosotros mismos- y a la percepción de los demás sobre nosotros. Ciertamente, el miedo específico de la fobia social, se entrecruza con la reacción vergonzosa; ambas focalizan en la mirada de los demás sobre nosotros. La diferencia radicaría en la intensidad de la emoción de turbación y en las consecuencias invalidantes para la vida personal.


Raíces psicológicas de la vergüenza.

El ser humano es un ser histórico, se construye en una sucesión temporal de hechos, vivencias, experiencias y, particularmente, la memoria de la historia vivida. Los hechos que nos ocurren durante nuestra vida, dejan huella. Y no sólo los hechos externos, sino la forma en que los vivimos, podríamos decir, los hechos inmateriales, los hechos internos.

La vergüenza tiene también una historia vivida. Tiene unos antecedentes que la han hecho emerger. Como cualquier otra característica de la vida psicológica emocional y cognitiva. Así, nuestras interacciones con nuestros familiares y personas más cercanas han contribuido a que desarrollemos la percepción de la mirada. De la mirada de los demás sobre nosotros.

La forma en que hayamos sido mirados por nuestro entorno, del juicio que nos habrán hecho, la manera crítica de vernos, podrá desvelar la vergüenza. Si en la interacción con los demás se nos ha devuelto confianza, valoración, aprobación, seguridad, las posibilidades de que emerja la vergüenza, serán menores. Pero si lo que ha predominado ha sido la crítica, la desaprobación, la desconfianza, la inseguridad, nos habremos formado una mirada vergonzante hacia nosotros. A mayor número de experiencias de desprecio, mayor tendencia a desarrollar vergüenza, porque se nos habrá devuelto nuestra inadecuación a los ojos de los demás.

La personalidad que se va formando a lo largo de la propia historia, especialmente, de la historia temprana, infantil, va configurando una forma de sentir. Y de sentir el mundo que nos rodea, y de los eventos emocionales que se dan. Todos los hechos que se dan en nuestra experiencia infantil son teñidos por la forma de procesarlos que tenemos, convirtiéndose en hechos interiores. La forma de mirarnos de los demás va configurando la forma de mirarnos a nosotros mismos que nos organizamos desde dentro de nosotros.

Interpretación psicoanalítica de la vergüenza.

La génesis de la vida emocional son nuestras experiencias emocionales tempranas. La vergüenza forma parte de la vida emocional subjetiva y, muy específicamente, de la vida emocional interactiva con los demás, con sus miradas. En los orígenes de nuestra vida psíquica, la mirada del otro hace la función de poner coto a nuestra búsqueda ilimitada de satisfacción.

El psicoanálisis de raíz freudiana considera que el psiquismo está organizado por la interacción entre el principio del placer y el principio de realidad. Al principio, los bebés, buscan la satisfacción, el placer, exclusivamente; y rehuyen el dolor. El aprendizaje que aporta el principio de la realidad, hará que los niños toleren las dosis de dolor insoslayable que tiene la vida. Y no necesiten instaurarse en el placer, exclusivamente. El aprendizaje de la renuncia a la satisfacción ilimitada es un aprendizaje doloroso que favorece la aceptación de la realidad.

La vergüenza puede ser entendida, también, como la reacción interna secundaria a la necesidad de búsqueda de la satisfacción ilimitada infantil. El niño no haría la renuncia que se espera que haga, desde fuera. Internamente quisiera seguir queriendo satisfacer sus ilimitadas aspiraciones. Consecuentemente no haría la adaptación al grupo social que es quien debe proveerle de cariño, si se adecúa a lo que se espera de él. Aquí radicaría la violación de la norma -de la expectativa- social.

La vergüenza sería la forma de sacar a la luz el conflicto interactivo inconsciente entre las expectativas internas y las expectativas externas. La vergüenza sería la prueba de la divergencia entre unas y otras expectativas. En consecuencia, de la vivencia de inadecuación respecto al grupo. Y la vivencia emocional subjetiva de estar en falta; con el consecuente miedo a la desaprobación. La vergüenza sería la señal de la persistencia del conflicto, del exceso de necesidad subjetiva.

Consecuencias de la vergüenza.

El dolor emocional que supone el sentimiento de vergüenza tenderá a favorecer la evitación de aquellas condiciones de las situaciones -sociales- que la desvelan. La programación de nuestra mente tiende a la búsqueda de la satisfacción -el principio del placer freudiano- y a la evitación del dolor. Por defecto, la tendencia de la psique humana hará que se quieran evitar las situaciones que generan vergüenza; siempre que sea posible. Habrá situaciones sociales que no se podrán evitar y no habrá la posibilidad de la fuga. Así, la vergüenza deberá enfrentarse, con las dosis de esfuerzo emocional consciente que sean necesarias.

La vergüenza puede llevar a consecuencias negativas de invalidación, en algunos casos, y a situaciones de sufrimiento mental. La aparición de reacciones fóbicas sociales y de otros cuadros de ansiedad puede ser uno de los riesgos psicopatológicos para algunas personas vergonzosas. También otros cuadros psicopatológicos (depresión, trastornos alimenticios, consumo de tóxicos) a los que se estaría expuesto por la intensidad de la baja autoestima vergonzosa.

La posibilidad del enfrentamiento, de encarar las situaciones que despierten vergüenza a pesar del dolor emocional, puede favorecer su manejo y superación. El afrontamiento de la vergüenza, tolerarla, puede favorecer el despertar de otras emociones de mayor autovalidación personal. Cosa que puede contrarrestar la fuerza de la vergüenza y, progresivamente, superarla. La exposición paulatina a las situaciones que provocan vergüenza es una buena estrategia para prevenir riesgos de sufrimientos psicopatológicos.

Psicoterapia para la vergüenza.

Determinadas configuraciones de la vergüenza, especialmente si es invalidante para la vida personal, pueden sugerir la indicación de tratamiento psicoterapéutico. La intensidad de la expresión vergonzosa puede variar de unas personas a otras y, en ocasiones, en la misma persona. La vergüenza puede ser vivida con mucha fuerza, eventualmente, por ser vivida con mayor ligereza en un momento posterior.

Desde la perspectiva psicoterapéutica será siempre conveniente investigar de forma conjunta, con la persona que sufre la vergüenza, los detonantes que la provocan. Desde la perspectiva psicoanalítica será necesario comprender el significado emocional que tienen las condiciones de manifestación de la reacción vergonzosa. De modo que se recorten los límites de la ignorancia emocional. Esta comprensión emocional debe favorecer el enfrentamiento de la vergüenza en las situaciones sociales reales, al ritmo que el paciente pueda implementar.

La significación emocional de la vergüenza es diferente de unas a otras personas, aunque se pueda encontrar una forma común de referirse a ella. Así, la superación de la vergüenza transitará por procesos psicológicos distintos de unas personas a otras, por el significado personal que tiene para cada uno. A veces también puede ocurrir que en una misma persona el sufrimiento vergonzoso sea más desgarrador en unas circunstancias vitales que en otras. Habrá que averiguar a qué responde la virulencia de la vergüenza, desde la interioridad de la psique de quien la sufre.

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